Abrámonos al Don de Dios, nuestro Padre, que, con la Resurrección, glorifica a su Hijo Jesús, quien da su vida por nuestra Salvación.

P. José Mª Domènech SDB

DOMINGO DE PASCUA III

Hch. 2, 14. 22-33:       "Pedro… dijo: «…voy a explicarles lo que ha sucedido: a Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes… realizando los signos que todos conocen… ustedes lo hicieron morir clavándolo en la cruz por medio de los infieles. Pero Dios lo resucitó… porque no era posible que la muerte tuviera dominio sobre Él… y todos nosotros somos testigos. Exaltado por el poder de Dios, Él recibió del Padre el Espíritu Santo y nos lo ha comunicado como ustedes ven y oyen".

Salmo 15:        "Señor, me harás conocer el camino de la vida"

1P. 1, 17-21:   "Ya que ustedes llaman Padre a aquél que, sin hacer distinción de personas, juzga a cada uno según sus obras, estén atentos sobre su forma de comportarse mientras están de paso en este mundo. Ustedes saben que fueron rescatados… con la sangre preciosa de Cristo… Por Él ustedes creen en Dios, que lo ha resucitado y lo ha glorificado, de modo que su Fe y su Esperanza están puestas en Dios".

Lc. 24, 13-35: "El primer día de la semana, dos discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús… Mientras… discutían, Jesús se acercó y caminó con ellos. Pero no lo reconocieron. Él les dijo: «¿Qué conversaban por el camino?»… Cleofás le respondió: «¡Tú eres el único… que ignoras lo que pasó en estos días!» «¿Qué pasó?», respondió Jesús. Ellos le dijeron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, profeta poderoso en obras y palabras… nuestros jefes lo entregaron… y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera Él quien liberara a Israel… y van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres… fueron de madrugada al sepulcro y… volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles asegurándoles que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro… Pero a Él no lo vieron» Jesús les dijo: «…¡Cómo les cuesta creer…!» Y… les interpretó todo lo que se refería a Él en las Escrituras… cerca del pueblo a dónde iban Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros porque ya es tarde…»… Él entró… Y estando en la mesa, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio… Entonces… lo reconocieron, pero Él había desaparecido... Y se decían: «¿No ardía nuestro corazón mientras… nos explicaba las Escrituras?»… y se regresaron a Jerusalén…"

La vida tiene muchos problemas y jamás podremos evitarlos. Pero podemos evitar quedar atrapados por ellos. El criterio está en vivir abiertos a un horizonte más amplio y positivo.

Este horizonte nos lo da el Señor de la Vida con el Don de su vida integrada totalmente en la Vida Eterna de Dios, su Padre y también el nuestro. La diferencia entre Él y nosotros es que nosotros ni hemos llegado a la grandeza de su integridad interior y madura libertad-obediente, ni hemos aprendido su intimidad con el Padre Dios, para hacer de su Voluntad el propio alimento.

La vida personal no es una opción entre otras: es la única y dirigirla mal es perderla.

Jesús nos muestra cómo dirigirla y nos explica que lo vital es Ser Eucaristía: dar la vida.

Es nuestra decisión o arriesgarnos dando la vida como Jesús o cuidarnos para ser buenos.

El éxito cristiano está en la libertad interior de fiarnos del Padre, que sabe lo que nos conviene

La experiencia de Jesús nos muestra lo limitados que son nuestros criterios ante los planes de Dios. Éstos están en el horizonte de la libertad absoluta para el máximo bien de todos.

Lo importante no es morir, ni como oblación, sino dar la vida cómo y dónde el Padre indique, pues la salvación viene de la Vida fecundada y transformada por el Espíritu del Padre.

Jesús nos salvó por el don de su vida; fiarse del Padre es vivir según la total libertad de Dios

Cristo nos muestra, con su vida, que lo importante es estar listos para secundar a Dios.

Sólo podemos secundar a Dios si le tomamos en serio y somos libres de verdad, es decir, señores de nosotros mismos hasta el punto de hacer nuestra, como Jesús, la Voluntad de Dios. Viviendo así, nada nos destruye, ni la muerte, pues ésta sería pasar a vivir en plenitud su Vida.

Nunca estamos solos, pero, cerrados en nosotros mismos, no percibimos la cercanía del Señor

Emaús queda lejos, es tarde y los caminos son inseguros: es la realidad actual de muchos.

La decepción aplasta a los discípulos, sólo ven su “desgracia”, pero Jesús va con ellos.

Jesús habla claro, despierta la conciencia, abre el corazón y renueva vida y entusiasmo.

Pidamos a María vivir cada día más abiertos a Jesús y a la muy libre Voluntad del Padre.

 


No hay opiniones, todavía