Dios acompaña nuestra historia para animarnos a vivir la Salvación que nos ofrece: así lograremos la Vida a la que estamos invitados

P. José Mª Domènech SDB

CICLO A – TIEMPO ORDINARIO - DOMINGO XX

Is. 56, 1.6-7:    "Así dice el Señor: «Observen el derecho y practiquen la justicia, porque muy pronto llegará, mi salvación y ya está por revelarse mi justicia. Y a los hijos de una tierra extranjera que se han unido al Señor para servirlo… que observen… y se mantengan firmes en mi alianza, yo los conduciré hasta mi santa montaña… porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos»".

Sal. 66:            "¡Que los pueblos te den gracias, Señor!".

Rm. 11, 13-15.29-32: "A Uds., que son de origen pagano, les aseguro que, en mi condición de apóstol de los paganos, hago honor a mi ministerio provocando celos a los de mi propia raza, con la esperanza de salvar a algunos de ellos… Porque los dones y el llamado de Dios son irrevocables. Uds. antes desobedecieron a Dios, pero ahora, a causa de la desobediencia de ellos, han alcanzado la misericordia… Con todo, esto es para que ellos también alcancen la misericordia…"

Mt. 15, 21-28: "Jesús… se retiró al país de Tiro y de Sidón. Una mujer cananea… comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio»… Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel». Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!» Jesús le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros». Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caer de la mesa de los dueños». Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!» Y en aquel momento la hija quedó sana".

El Señor de la Vida nos invita a ser abiertos, sin ser ingenuos, a colaborar con el bien de los que nos rodean, verdadero don de Dios, aunque los sintamos forasteros, extranjeros.

Toda persona es un rico misterio, a veces imprevisto, que tal vez, nos incomode, pero debemos aprender a recibirlo con libre y generosa disponibilidad para favorecer el desarrollo de ellos y, así, estimular el nuestro. No hay libertad sin riesgo; no hay crecimiento sin don de sí.

¡Cómo nos gusta que nadie altere nuestra ‘tranquilidad’, pero no es así la vida: toda presencia viva es una invitación de Dios a la libertad del amor que aprende a dar y recibir!

Dios nos ha llamado a compartir sus dones, su Salvación, verdadera gracia para todos. No somos propietarios, y menos exclusivos, no la hemos conquistado. Es un regalo-misión.

Israel, el Pueblo de Dios, no lo entendió y perdió el ritmo de maduración al que el Señor le invitaba a través de los profetas. Su fidelidad creciente hubiera sido la puerta de nuestra Fe; ahora, para ellos, nuestra fidelidad al Señor Jesús resucitado será la puerta de la suya.

Para vivir como servidores de la Salvación requerimos crecer en atenta escucha, humilde docilidad, honesta apertura a la realidad del hermano, aunque no siempre sea cómodo.

Dios siempre está con nosotros y nos habla en medio de los imprevistos para ayudarnos a superar nuestras limitaciones e integrar nuevas riquezas, fruto de su Amor Universal y Eterno.

La salvación prometida y confiada a Israel es para todos los pueblos, sin excepción

Diferencias siempre las habrá, pues somos personas únicas; pero eso nos invita a compartir y formar una familia humana de riqueza sin fin, al modo de Dios. No debe separarnos.

Israel, con su fidelidad, debe mostrar las maravillas de Dios a todos para atraerlos. Por eso Dios le aclara su plan: todos los pueblos llegarán a formar parte de su Familia Universal.

La fidelidad a Dios y su Reino conquista los corazones a su Amor y así sus dones se extienden

Pablo trata de explicar qué sucede con el Pueblo de Dios, que rechazó al Mesías esperado: Dios no lo abandona, lo conduce a su Reino de otro modo, como lo hizo con los paganos.

Toda la historia humana, santa desde los planes de Dios, es historia de Misericordia.

La verdadera oración, sencilla, perseverante y humilde llega al corazón de Dios, que es Padre

Jesús entra en zona pagana. Despierta y pone a prueba la Fe y confianza de una cananea.

La dureza de Israel contrasta con la Fe fuerte y firme de una pagana, que ama y ruega.

La sincera humildad orante de una madre despierta la admiración del Mesías rechazado.

Pidamos a María ruegue siempre por nosotros para que maduremos nuestra Fe cada día.

 


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