P. José Mª Domènech SDB
CICLO A – TIEMPO ORDINARIO - DOMINGO XXIII
Ez. 33, 7-9: "Hijo del hombre, yo te he puesto como centinela de la casa de Israel: cuando oigas una palabra de mi boca, tú les advertirás de mi parte… si tú no hablas para advertir al malvado… el malvado morirá por su culpa; pero a ti te pediré cuentas de su sangre. Si tú adviertes al malvado… y él no se convierte, él morirá por su culpa; pero tú habrás salvado tu vida".
Sal. 94: "Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: «No endurezcan sus corazones»".
Rm. 13, 8-10: "Que la única deuda con los demás sea el amor mutuo: quien ama al prójimo ya cumplió toda la Ley. Porque los mandamientos… se resumen es éste: “Amarás al prójimo como a ti mismo” El amor no hace mal al prójimo, por lo tanto el amor es la plenitud de la Ley".
Mt. 18, 15-20: "Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca a una o dos personas más… Si se niega a hacerles caso, dilo a la Comunidad. Si tampoco quiere escuchar a la Comunidad, considéralo como a un pagano o un publicano. Les aseguro que todo lo que Uds. aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo. También les aseguro que, si dos de Uds. se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre… se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy presente en medio de ellos".
Un momento muy difícil para toda persona es cuando se equivoca gravemente. Entonces le gustaría encontrar la comprensión y apoyo de todos, pero, por desgracia, lo que demasiadas veces encuentra es juicio y condena y esto no le ayuda a madurar ni a integrarse.
No tenemos derecho a juzgar a ninguna persona, porque no la conocemos bien, aunque creamos conocerla: ¡eso es mucha soberbia! Toda persona es un misterio y sólo Dios la conoce bien. Por eso Él nos pide no juzgar, sino ayudar, estimularla para que se supere en todo.
Por esto la única tarea que tenemos con nuestro hermano, quien camina a nuestro lado, es amarle con toda el alma, animarle, avisarle de sus errores, ofrecerle nuestra ayuda y la de la Comunidad, indicarle caminos adecuados de maduración, anunciarle que nadie está perdido, pues Dios a todos nos ama con la predilección propia de un perfecto padre-madre.
Es una tarea vital y sustancial para el crecimiento de nuestra Comunidad humana y cristiana. No asumirla en serio es tan grave que nos condena como personas en situación de degradación, pues estamos traicionando nuestro ser hijos de Dios y, por tanto, hermanos de los que nos rodean; estamos traicionando la confianza que Dios puso en nosotros y que, sobre todo, los más débiles esperan de nuestra parte.
No se trata de obligar a nadie a que nos haga caso, pero, al menos, ofrecerle saber que no es bueno lo que está haciendo, pues se perjudica a él mismo, al perjudicar a otros que le rodean.
El Señor nos pide hablar claro, lo demás ya es responsabilidad de quien debe escuchar
Ezequiel, ante la tragedia de la infidelidad, vive la convicción de que no puede callar lo que Dios le pide comunicar a los infieles a la Ley: ¡debe ser fiel a Dios y a todos los hermanos!
Dios no acepta el silencio: ¡no es justo! Callar es asumir el fracaso del hermano.
Llamados a vivir el amor, el mismo Amor que Dios nos tiene, por eso no podemos callarnos
Lo básico es vivir en la dinámica de Dios: Amar dando vida y liberando. Es lo debido al hermano, compatriota o extranjero; no hacerlo es traicionar, abandonar, perder, condenarse.
Dios consideró que todo ser humano merecía Su Propia Vida; y se encarnó para dársela. Nada nos muestra más hijos fieles de Dios en la vida que ayudar a salvar a un hermano.
Al vivir atentos a la necesidad de apoyo del hermano, sabremos dirigirnos a Dios como Padre
Lo importante es el bien del hermano, no tanto juzgarlo. Si peca abiertamente, se le ayuda, personal o comunitariamente, a reconocer, y rectificar, su error y actitudes; y, si es necesario, se comenzará con él desde cero, como si fuera pagano, pues olvidó lo básico de la Fe.
El Amor de Cristo nos lleva a construir Comunión: Él nos preside y somos su Cuerpo.
Cristo, que nos une como Comunidad, da eficacia a nuestro decidir y a nuestro orar.
Pidamos a María que nos tratemos y ayudemos como hermanos en el Amor de Cristo.
