P. José Mª Domènech Corominas SDB
CICLO A – TIEMPO ORDINARIO - DOMINGO XXXIV - CRISTO REY
Ez. 34, 11-12.15-17: "Así habla el Señor: «¡Aquí estoy yo! Yo mismo voy a buscar mi rebaño y me ocuparé… de mis ovejas y las libraré de todos los lugares donde se habían dispersado… Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las haré descansar… con justicia… Yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carneros y chivos»."
Sal. 22: "El Señor es mi pastor, nada me puede faltar".
1Cor. 15, 20-26.28: "Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos… así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo. En seguida vendrá el fin, cuando Cristo entregue el Reino a Dios, el Padre, después de haber aniquilado todo principado, dominio y poder… El último enemigo que será vencido es la muerte. Y entonces,… el mismo Hijo se someterá también a aquel que le sometió todas las cosas, a fin de que Dios sea todo en todos".
Mt. 25, 31-46: "Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria… se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia… Entonces el Rey dirá a los de su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde la creación del mundo porque tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; era forastero y me alojaron; estaba desnudo y me vistieron; enfermo y me visitaron; preso y vinieron a verme” Los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo…?” Y el rey les dirá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos…” Luego hablará a los de su izquierda: “Aléjense de mí, malditos, vayan al fuego eterno… porque tuve hambre y Uds. no me dieron de comer…” Éstos le preguntarán: “Señor, ¿cuándo…?” Y Él les responderá: “Les aseguro que, cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo”. Y éstos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna»."
El ser y actuar de Dios son el real ‘juicio’ de nuestra vida: todo lo que lleva a la Vida y al Bien de cada persona, sobre todo de los más humildes y pequeños, nos declara justos, pues muestra nuestras actitudes como las Dios; lo contrario, nos muestra ajenos u opuestos a Dios, por eso, nos condena, pues nacimos para ser como Dios y sólo eso nos da la felicidad profunda.
Los poderes de este mundo –de los que, de algún modo, participamos todos– tienen un modelo de acción, el de Dios: de su fidelidad a él depende su real éxito; lo demás es efímero.
No vivir la justicia de Dios, fraternidad, es favorecer la muerte y ésta ya está condenada.
La soberanía de Dios es una realidad absoluta, no depende de nosotros, pero que no se nos impone. De nosotros sí depende participar, o no, de su concreta realeza y felicidad eterna.
Dios defiende a su pueblo, por dentro y por fuera. Ésta es la mejor característica de su realeza.
La política infiel a Dios de los ‘pastores’, gobernantes, lleva al pueblo a la desgracia. Todo abuso destruye y Dios sale en su defensa de su pueblo contra toda injusticia: interna y externa. Hoy es igual. Sólo quien recibe a Dios con sincera fidelidad vive defendido por su Vida.
Jesús resucitado es el principio de nuestra salvación y, su vida, el criterio de nuestra identidad
Cristo resucitó indicándonos el resultado del camino que nos propone: creer no es ir a la aventura, siguiendo promesas lindas que queremos creer pero que nadie nos asegura.
La Fe de la Comunidad cristiana no es credulidad necia a promesas de un futuro no realizado todavía. Jesús resucitó y nos precede. Si le seguimos, llegaremos al mismo final.
Él es el criterio de una vida en paz y exitosa: ser hermano de los últimos. Quienes le han seguido con renovada fidelidad, se han beneficiado y han sido bendición para su sociedad.
El criterio de una vida exitosa es Cristo: ser como Él, vivir a favor de los últimos y marginados
El real poder y la auténtica soberanía es de Dios: siempre servidor de todos para la vida plena de sus hijos-hermanos. Sólo necesitamos abrirnos a Él y dejarnos amar por Él.
Nuestra vida será medida según este criterio: ¡servir a quienes nos necesitan ahora!
La realeza de Cristo no tiene que ver con el poder-dominio, sino con el poder-servicio, que es el único poder que no se corrompe y que no aleja ni discrimina, sino que eleva y redime.
Pidamos a la Madre del Rey aprender a vivir, aceptar en todo y seguir a su Hijo Jesús.
