Dios no abandona jamás a nadie: buscarle es encontrarle; pues Dios desea ser encontrado, pero hay que estar listo para cuando Él llegue.

P. José Mª Domènech Corominas SDB

CICLO A – TIEMPO ORDINARIO - DOMINGO XXXII

Sab. 6, 12-16: "La Sabiduría… se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan. Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean… Meditar en ella es la perfección de la prudencia… La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella… les sale al encuentro en todos sus pensamientos".

Sal. 62:            "Mi alma tiene sed de Ti, Señor, Dios mío".

1Ts. 4, 13-18:  "No queremos, hermanos, que vivan en la ignorancia acerca de los que ya han muerto, para que no estén tristes como los otros, que no tienen esperanza… Jesús murió y resucitó: de la misma manera, Dios llevará con Jesús a los que murieron con Él… A la señal dada por la voz del Arcángel… el mismo Señor descenderá del cielo… primero resucitarán los que murieron en Cristo. Después… los que aun vivamos… seremos llevados con ellos al cielo… al encuentro de Cristo… para siempre. Consuélense…"

Mt. 25, 1-13:   "El Reino de los cielos se parece a diez jóvenes que, con sus lámparas, fueron a esperar al esposo. Cinco eran necias, y olvidaron llevar aceite para sus lámparas, y cinco prudentes… Como el esposo tardaba, todas se durmieron. A medianoche se oyó un grito: «Ya viene el esposo, salgan a su encuentro». Todas se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: «¿Podrían darnos de su aceite? porque nuestras lámparas se apagan». Éstas les respondieron: «No va a alcanzar para todas; es mejor que lo vayan a comprar…» Mientras tanto, el esposo llegó: las preparadas entraron con Él… y se cerró la puerta. Después llegaron las otras… y dijeron: «¡Señor, Señor, ábrenos!» Pero Él les respondió: «Les aseguro que no las conozco». Estén prevenidos, porque no saben ni el día ni la hora".

Con facilidad, y sin pensar nada o sin reflexionarlo demasiado, usamos expresiones como éstas: “El destino quiso”, “La suerte no me favoreció”… ¿Qué es ‘la suerte’, que tiene la capacidad de ‘decidir’ algo para mí? ¿Quién es ‘el destino’ para que quiera, o no, algo?

Vayamos más a fondo, ¿qué hay detrás de estas ‘inocentes’ expresiones habituales? No respondamos con demasiada prisa, pues, tal vez, nos estemos escondiendo de algo o de alguien.

Dios es Comunión de Personas que desean para nosotros lo mejor y buscan encontrarse con nosotros, pero, como no se nos pueden imponer, porque no quieren, pues nos respetan, es indispensable que le busquemos.

Todo encuentro es, al mismo tiempo, una sorpresa y una respuesta. Nadie “tiene la suerte de encontrarse con Dios”. Dios sale al encuentro del que le busca con sinceridad, es decir, no para ‘usarlo’ sino para abrirse a su Amor, que es Incondicional y siempre el Primero.

¿Estamos preparados para el encuentro con Dios? ¿Qué necesitamos? Quien no busca, con honestidad y apertura a los dones de Dios, jamás se encontrará con Él, aunque vaya mucho a la iglesia, esté en grupos, me porte bien. No conquistamos a Dios: se le recibe humildemente.

Cumplir vale, si es fruto del amor que mueve a una vida de atenta intimidad con Dios.

La Sabiduría de Dios, Dios mismo, es un don abierto y generoso, pero es necesario buscarlo, La sabiduría de Dios es el mismo Cristo, que nos regala cada día su Palabra de Vida.

Necesitamos estar abiertos y dispuestos a vivir en su camino: eso es buscarlo, no otra cosa, Los frutos son espléndidos, pues es obra del mismo Dios, por pobres que seamos.

Lo importante es a quién esperamos y qué deseamos al vivir, no la muerte o el fin, Pablo desea ubicarnos como creyentes ante una realidad a la que nadie escapa, pero que puede ser vivida muy desenfocadamente, si la Fe está ausente o es mantenida inoperante, inútil.

Lo importante es saber esperar al Señor Jesucristo; Él es el único que da sentido a nuestro vivir y a todo esfuerzo por ser constructor y defensor de la Vida y de la Verdad.

Esperamos a Jesús si estamos atentos a lo que nos ofrece con su Palabra y el don de su Vida. El fin del mundo, nuestro fin, es la gloria de Dios, origen y garantía de nuestra gloria, seguro de nuestra felicidad integral en esta historia concreta que vivimos, hasta la eternidad.

Todos somos débiles y caemos en sueños, pero estamos invitados a entrar, si despertamos. Lo que nos da derecho a entrar es vivir iluminados por la Sabiduría de Dios: su Palabra.

Pidamos a María vivir, como ella, abiertos a la Palabra para tener viva la Luz de la Fe.

 


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