Dios nos llama a confiar en Él y, precisamente por eso, a convertirnos a la Vida Nueva que Jesús nos trae y de la que somos responsables

P. José Mª Domènech Corominas SDB

CICLO B – TIEMPO DE ADVIENTO – DOMINGO II

Is. 40, 1-5.9-11: "¡Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice su Dios!... grítenle, anúncienle que el tiempo de su servidumbre se ha cumplido, que su culpa está pagada… Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor…! ¡Que se rellenen los valles y se aplanen todas las montañas…! Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los pueblos la verán… levanta con fuerza tu voz, tú que llevas la buena noticia… Levántala sin temor, di a las ciudades de Judá: « ¡Aquí está tu Dios!»… Como un pastor, Él apacienta su rebaño…"

Salmo 84:            "Muéstranos, Señor, tu Misericordia".

2P. 3, 8-14:         "No deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido… sino que tiene paciencia con Uds., porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan. Sin embargo, el día del Señor llegará como un ladrón… ¡qué santa y piadosa debe ser la conducta de Uds., esperando y acelerando la venida del día del Señor!... nosotros…, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia. Por eso, queridos hermanos, mientras esperan esto, procuren vivir de tal manera que Él los encuentre en paz, sin mancha ni reproche".

Mc. 1, 1-8:          "Comienzo de la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios… «…Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos», así se presentó Juan el Bautista…, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la gente… acudía a él, y se hacían bautizar…, confesando sus pecados. Juan… se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba diciendo: «Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo… Yo los he bautizado a Uds. con agua, pero Él los bautizará con el Espíritu Santo»."

Dios nos invita a vivir en el consuelo: Él llega con la salvación en medio del desastre de la vida. Cuando parece que todo está perdido, cuando sentimos que no tenemos perdón, que nuestro mundo está podrido, y nosotros en él nos vamos hundiendo en tentaciones cada día más atrayentes, es el momento de escuchar al profeta que nos llama a la esperanza y al consuelo de Dios.

Necesitamos la fortaleza de Dios y abrirnos a su gracia, no ceder a nuestros pobres criterios y buscar el bien real de todos, sin dejarnos atrapar por el mal que nos rodea y desea engañarnos.

La voluntad de Dios es sólo salvar a todos los que acepten y, para eso, se arma de paciencia y llama a distintas personas, con modos muy diversos, para que nos animen a la confianza, al arrepentimiento y a ser más y más dóciles a su Palabra de Vida Nueva y Amor fiel.

Dios nos muestra su Misericordia, pero los que debemos abrirnos a ella somos nosotros.

La paz es segura, pues Dios viene a salvarnos con presencia, pero pide un cambio en nosotros.

El Pueblo de Dios ha quedado destruido, sin esperanza alguna, ante la prepotencia de los asirios y los babilónicos. El profeta le llama a la esperanza, a renovar su fidelidad al Señor.

Dios no puede evitar los desastres que nuestra terquedad provoca, pero quiere llevarnos por vías de justicia, paz y vida. Es necesario abrirse, cambiar de actitud para gozar su Salvación.

Dios desea lo mejor de cada persona para que goce cada día mejor de su vida y Salvación

Pedro no desea desconciertos, sino objetividad: Dios no tarda, sino que espera por Amor.

El Señorío de Dios se impondrá, pero Él desea ser aceptado: ¡aprovechemos este tiempo!

Juan predica con su vida y mensaje de apertura y conversión, la respuesta la da cada persona

El mensaje de Juan es la Salvación de Jesús. Nos aclara que antes debe darse la conversión.

La Salvación de Jesús nos une a la misma Vida de Dios por el don de su Espíritu. Pero es necesario liberarse de todo lo que nos ata a nuestro egoísmo individualista, generador de muerte.

Los valles a rellenar y montañas que abajar son realidades de nuestra vida personal-social.

Pidamos a María confiar en Dios y aceptar convertirnos para vivir la alegría de dar la Vida.


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