P. José Mª Domènech SDB
DOMINGO VIII DE PASCUA - PENTECOSTÉS
Hch. 2, 1-11: "…el día de Pentecostés, estaban todos juntos… De pronto, vino del cielo como un fuerte viento que resonó en toda la casa… Y se aparecieron como unas lenguas de fuego que se distribuyeron posándose sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo… Habían en Jerusalén judíos piadosos venidos de todas las naciones… cada uno les escuchaba hablar en su lengua y decían: «¿No son galileos todos éstos que nos hablan?..., cómo es que les escuchamos proclamar las grandezas de Dios en nuestras propias lenguas»."
Salmo: 46 "Señor, envía tu Espíritu y renueva la faz de la tierra".
1Cor. 12, 3b-7.12-13: "Nadie puede confesar que Jesús es el Señor si no es por un don del Espíritu Santo. Los dones que recibimos son diversos, pero uno solo es el Espíritu que los distribuye… Las manifestaciones del Espíritu distribuidas a cada uno son un bien para todos… Todos nosotros, judíos o griegos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo…".
Jn. 20, 19-23: "Por la tarde de aquel domingo los discípulos estaban en casa con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús entró, se puso en medio de ellos y les dijo: «La Paz sea con Uds…. Como el Padre me envió, yo los envío» Entonces sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo. A quienes perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes no perdonen, quedarán sin perdón»"
El Señor, como Padre Universal de todos y de cada uno de los seres humanos, nos ha creado con un gran plan: que seamos, como imagen suya que somos, Comunión de personas y, así, un solo pueblo universal. Por eso nos ha infundido su propia vida: seres vivos con su Vida. Pero no basta que el Señor nos ofrezca esta maravilla hasta que nosotros la aceptemos vivir.
La Comunión personal y de pueblo, para que sea efectiva, tiene que ser experiencia personal, directa o indirecta, pero personal; si no es así no será parte de la propia vida y no nos comprometerá interiormente. Por eso Dios nos crea en una familia y nos lleva a formar pueblo.
La actitud individualista, que en nuestra época, sobre todo en el occidente, se ha hecho, siguiendo el egoísmo humano, estructura cultural, ha generado gran parte de las perniciosas ideologías actuales, rompe toda dinámica de Comunión, pervierte el amor, el matrimonio, la familia, las relaciones sociales, económicas y políticas y hasta dificulta seriamente la vida de las comunidades eclesiales.
El Espíritu de Dios, donde puede actuar con libertad, crea Comunión y lleva a los creyentes a formar Comunidades en Cristo y las hace crecer con el aporte de cada uno de ellos, esté como esté y sea quien sea. Él, con el Padre, nos hace uno en Cristo para la vida y el bien de los hermanos. Él nos llena de su Paz, la ganada por Cristo con el don de su Vida y no sólo nos otorga el perdón, sino que nos hace ministros del mismo, fuente de Comunión.
En el Espíritu tenemos la verdadera unidad de la Comunión en la paz y la justicia propia del Amor en la Verdad. Él es el don del Padre y del Hijo Resucitado; Él hace fecundo el perdón.
La experiencia de Comunión generada por el Espíritu Santo convoca la primera comunidad
El Espíritu nos libera, une e integra en la Comunión Trinitaria llevándonos entre los hombres para ayudarles a recibir los dones de Dios. Somos testigos de que no estamos solos.
Dios, espíritu puro, siempre está entre nosotros trabajando a nuestro favor. Seamos dóciles.
Todos los dones nos llegan del Espíritu de Dios y cada uno es para el crecimiento comunitario
Toda persona es beneficiaria de los dones del Espíritu Santo, pero la inmensa mayoría de la humanidad no lo sabe: ¡debemos comunicárselo siendo dóciles a la Voluntad de Dios, Uno y Trino, y generosos en la construcción comunitaria y en el cumplimiento de su Misión!
Cristo da su vida para que recibamos los dones de Dios, que nos llevan a la Comunión.
La resurrección, fruto de la gloria de Dios, nos da la Paz y el perdón con el don del Espíritu
Jesús resucitado sopla sobre los apóstoles, como una nueva creación, y les da el Espíritu.
Con el don del Espíritu recibimos la misma Misión encomendada por el Padre a su Hijo, el Cristo: construir la Paz en la Verdad por la fuerza del Amor que nos lleva al Perdón: verdadera Vida Nueva por la Comunión con Dios que permite la real y estable Comunidad humana.
Pidamos a María vivir abiertos al Espíritu y dóciles a lo que nos ofrece con sus dones.
