El Señor nos ofrece lo mejor y nos cuida con esmero, pero necesitamos valorar su oferta. Su alegría es grande si le pedimos su Sabiduría

P. José Mª Domènech SDB

CICLO A – TIEMPO ORDINARIO - DOMINGO XVII

1R. 3, 5.7-12:  "El Señor se apareció a Salomón… y le dijo: «Pídeme lo que quieras». Salomón respondió: «Señor, Dios mío, has hecho reinar a tu servidor…, a mí, que soy apenas un muchacho… Concede, entonces, a tu servidor un corazón comprensivo, para juzgar a tu pueblo… De lo contrario, ¿quién sería, capaz de juzgar a un pueblo tan grande como el tuyo?» Al Señor le agradó que Salomón le hiciera este pedido y le dijo: «Porque tú has pedido… el discernimiento necesario para juzgar con rectitud, yo… te doy un corazón sabio y prudente…»".

Sal. 118:          "¡Cuánto amo tu ley, Señor!"

Rm. 8, 28-30:  "Sabemos que el Señor dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman, de aquellos que Él llamó según su designio. En efecto, a los que Dios conoció de antemano, los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera Él el primogénito entre muchos hermanos… los llamó… los justificó y… los glorificó".

Mt. 13, 44-52: "Jesús dijo a la multitud: «El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo… a un negociante que…, al encontrar una perla de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró. El Reino de los Cielos se parece también a una red que… recoge toda clase de peces. Los pescadores… la sacan a la orilla y recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos… ¿Comprenden todo esto?...»".

Todos, en nuestra vida, vendemos y compramos, pero ¿qué?, ¿a qué precio?, ¿por qué?, ¿hasta dónde vale la pena arriesgarse para comprar algo? ¿Qué hacemos con nuestra vida? ¿Qué es lo más sabio y prudente en nuestra vida? ¿Hacia dónde dirigimos nuestra vida? ¿A qué damos importancia nosotros y a qué da importancia Dios? Son todas preguntas vitales.

Según lo que valoremos, nos estamos valorando. Si Dios es lo más importante, nosotros estamos orientados hacia las maravillas que Él ha pensado para nosotros desde toda la eternidad. Si nuestras visiones del mundo y nuestros minúsculos proyectos e intereses, por grandes que parezcan o nos parezcan, son lo más importante y queremos poner a Dios al servicio de ellos o lo dejamos a un lado para que no nos estorbe, estamos construyendo nuestro seguro e inevitable fracaso, ya que sólo Dios es garante de nuestra Grandeza, pues estamos hechos a su medida.

La realidad se nos impone: hemos progresado en tecnología, pero hemos disminuido en dignidad humana y en seguridad personal, sobre todo, se deprecia el valor de la vida y más la de los débiles, y, con todo, ésta es la medida última de la dignidad humana: la medida de Dios.

Una persona es más persona cuanto más y mejor defiende y construye la vida en sí y, sobre todo, junto a sí: en su ambiente normal de vida, ante la pequeñez y la debilidad.

La sabiduría de Dios es no sólo creadora de la vida, sino que la conserva y la hace crecer cada día mejor y más profundamente para que sea libre de toda esclavitud.

Para Dios nada es más importante que sus propios hijos: toda, cada persona humana.

Dios invita a todos a pedir lo que queramos: los dones de Dios dependen de nosotros

Como Buen Padre que es, Dios jamás concederá lo que pueda perjudicar a su hijo.

A Dios le alegra sobre manera ver a sus hijos aprender a orar con cordura. Así será su oración si busca el bien de los demás por encima del propio y, más todavía, si pide la Sabiduría del Espíritu para decidir, en todo momento, según la Voluntad de Dios, que nuestro sumo bien.

Todos hemos sido creados para la Gloria, y Dios todo lo organiza para que lo logremos.

Dios jamás fracasa, pero nosotros sí podemos fracasar. ¡Atención: es nuestra decisión!

Tengamos confianza: el dócil a Dios, no puede fracasar. Dios lo tiene todo pensado y organizado para nuestro bien. Quien de Él se fía, sin duda, consigue el éxito, como Cristo.

Dios es nuestro principal tesoro porque nosotros somos el suyo y ya lo dio todo para ganarnos

¡Ojalá para nosotros Dios sea nuestro tesoro!: vale la pena que lo demos todo por Él.

Para Dios nosotros somos la perla inestimable, por esto lo da todo para ‘comprarnos’

En la vida, al final, solo vale lo que es valorado por Dios como bueno y lleno de vida.

Sabio es quien valora todo y se queda con lo mejor y más profundamente lleno de vida.

Pidamos a María abrirnos a la Sabiduría del Espíritu para valorar los dones de Dios.


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