El Señor siempre alimenta nuestra vida con su Amor fiel y liberador: nos invita a enriquecernos cada día para alimentar a los demás.

P. José Mª Domènech SDB

CICLO A – TIEMPO ORDINARIO - DOMINGO XVIII

Is. 55, 1-3:       "Así habla el Señor: «¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga dinero, venga también! Coman gratuitamente… ¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta… en algo que no sacia. Háganme caso… Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y vivirán. Yo haré con Uds. una alianza eterna, obra de mi inquebrantable amor a David»."

Sal. 144:          "Abres tu mano, Señor, y nos colmas de tus bienes"

Rm. 8, 35.37-39:         "¿Quién podrá separarnos del Amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, las persecuciones, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada? Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a Aquel que nos amó. Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados… ni ninguna otra creatura podrá separarnos jamás del Amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor".

Mt. 14, 13-21: "Jesús se alejó… a un lugar desierto para estar a solas…la gente… lo siguió a pie... Jesús… compadeciéndose de ella, sanó a los enfermos… Al atardecer, los discípulos… le dijeron: «…despide la multitud, para que vayan a las ciudades para comprarse alimentos» Jesús les dijo: «No es necesario… denles de comer Uds. mismos». Ellos respondieron: «Aquí no hay más que cinco panes y dos pescados». «Tráiganlos aquí», les dijo. Y… tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los dio a sus discípulos… Todos comieron hasta saciarse y, con los pedazos…, se llenaron doce canastas…"

La prensa mundial ha dado una alarmante noticia, que ha provocado un llamado urgente de la ONU: en el cuerno de África, Eritrea, y tendiendo a extenderse a los vecinos, pueden morir de hambre en estos años, si no se acude urgentemente en su ayuda, más de 10 millones de personas, sobre todo niños. Y los poderosos del mundo del dinero, sometidos al señor de la muerte y de la destrucción y adoradores de sus criterios, buscan cómo ganar más en la bolsa.

¿Qué damos sin esperar nada a cambio? Podemos colaborar con la vida del prójimo. ¿Qué compartimos de nuestras muy variadas posesiones: espirituales, culturales y materiales?

Todos tenemos hambres que pueden ser remediadas con al apoyo de todos: de alimento y cariño; de respeto y dignidad; de conocimientos y educación; de diálogo y justicia, de paz y perdón; de vida y formación; de compañía y esperanza. El hambre del mundo es responsabilidad de todos. El mundo tiene un hambre radical, que, si no se atiende, se come la vida: es el hambre de Dios, del Dios de la Vida y de la Paz. Sin duda, es negada por muchos, pero ahí está.

Le echamos la culpa a Dios de tantas cosas, de casi todo lo nos disgusta. Pero Dios nos confió el mundo para que lo “ordenáramos”. ¡Qué hacemos!; ¿hacia dónde vamos: hacia la vida o hacia la muerte? ¿Por qué no queremos asumir nuestra responsabilidad personal-social?

Quien se pone en las manos del Señor sabe que todo está bien orientado: basta fiarse.

Cristo quiere contar con nosotros. Él ya lo dio todo, ahora es nuestra oportunidad de ser grandes como Él. Es nuestra decisión comunitaria, humilde, sencilla, creativa y perseverante.

¡Que nada se pierda, pues todo sirve para dar vida, si es bueno!

La gratuidad es el elemento clave de toda la acción de Dios y de la madurez humana

Isaías escribe en el exilio. Lo que Dios quiere es la vida de todos, sobre todo los últimos.

El profeta pretende hacernos descubrir que la gran necesidad que todos tenemos, más que de pan, es de la Presencia de Dios en nuestra vida, presencia que la Palabra nos descubre.

Este amor de Dios que se nos da sin cálculos egoístas nos llena de seguridad y esperanza

Cristo muestra cuán estable, gratuito y eficiente es el Amor de Dios para toda persona.

Pablo lo sabe por dolorosa experiencia personal y nos lo comparte para fortalecernos.

Aprender de Dios a responder a las necesidades de la vida del hermano, es nuestra tarea

Jesús da a sus discípulos la tarea que Dios les confiará. Deben aprender a ponerlo todo a disposición, aunque parezca que no tienen nada. Dios hace las maravillas, nosotros servimos.

Matero presenta el gesto de Jesús con forma eucarística, pues es éste el alimento de la Fe.

Pidamos a María valorar nuestra tarea en los dones de Dios, sobre todo en la Eucaristía.

 


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