P. José Mª Domènech SDB
CICLO A – TIEMPO DE CUARESMA - DOMINGO I
Gen. 2, 7-9. 3, 1-7a: "Dios modeló al hombre de barro y sopló en su rostro su aliento de vida y éste se convirtió en un ser vivo… El Señor plantó un jardín… y puso en él al hombre… En medio del jardín estaba el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. La serpiente… dijo…: « ¿Así que Dios no les permite comer de ningún árbol del jardín?» La mujer respondió: «Podemos comer de todos… menos del árbol que está en medio del jardín…, pues nos llevaría a la muerte» Dijo la serpiente: «No morirían… se les abrirían los ojos y serían como Dios…» La mujer… tomó… y comió y le dio también a su esposo, que también comió…".
Sal. 50: "Misericordia, Señor, porque he pecado; misericordia, Señor".
Rom. 2, 12-19: "…con el pecado entró la muerte… la muerte imperó por culpa de él… quienes recibimos la sobreabundancia de la Gracia y el don generoso que nos hace justos viviremos y reinaremos gracias… a Jesucristo. …así como por haber desobedecido un hombre, los otros llegaron a ser pecadores, también por haber obedecido uno solo llegarán los demás a ser justos".
Dios siempre indica caminos de Salvación al hombre; éste deberá tomar sus decisiones.
En realidad nunca dejará de haber distintos modos de escuchar lo que Dios nos dice: unos nos llevarán por la vía de la autonomía obediente, que es la que vivió Jesús; otros nos inclinarán por los senderos de la falsa autonomía, que nos encierra en nosotros mismos y, pretendiendo llevarnos a la grandeza que deseamos -puesto que hemos sido creados para ella-, en realidad nos conducen a desconfiar de Dios, como si Él tuviera intenciones escondidas, nos estuviera mintiendo y no fuera de fiar: es la ruta del pecado, con la consecuente degradación personal y social.
Pecado y muerte, confiesa Pablo, son correlativos, van de la mano y degradan la obra de Dios. Sólo Dios es vida y paz. Aunque no nos evite las pruebas, nunca nos abandona en ellas.
La condición del hombre en la tierra es de batalla: luchar sin fin para ser libre y elegir el bien y la vida o dejarse esclavizar por las visiones e intereses individuales, personales o grupales, perdiendo capacidad de ser para los demás, degradando, así, la imagen que Dios nos dio.
Debemos prepararnos para vencer a los que desean engañarnos. Ellos usarán todos los argumentos y presiones que crean válidos para someternos. Sólo la Palabra nos dará la Luz.
Aunque no debemos ver al demonio en todas partes, tampoco pensemos que no está detrás de toda injusticia, degradación y muerte inicua de quien la vive, la facilita o la provoca.
Dios nos crea para que vivamos en un ‘jardín’, pero debemos dejarnos guiar por quien conoce, Sólo Dios nos conoce perfectamente y todo lo hizo para nuestro bien y desarrollo. Obedecer las indicaciones de Dios para la vida y alegría es el camino de la paz integral.
Que la tierra sea ‘jardín’ de paz depende de nosotros, pues la paz interior se plasma fuera. La actitud de obediencia, o no, trae bien o desgracia a nosotros y a los que nos rodean. El bien, como el pecado, siempre tiene consecuencias globales, más o menos visibles.
Cristo es el gran benefactor de la humanidad porque nos lleva a la Comunión y a la Vida. Aceptarlo es nuestra responsabilidad personal y comunitaria. Nadie puede suplirnos.
Siempre deberemos decidir; necesitamos tener una orientación clara: la Palabra es fiel y firme, la experiencia de Jesús nos indica que fieles a la Palabra podremos superarlo todo. La victoria de Cristo nos abre a la esperanza y nos guía a la grandeza de la fidelidad.
Pidamos a María vivir la Cuaresma en el esfuerzo por aprender a escuchar la Palabra y ser cada día más fieles a la Voluntad de Vida y Amor del Padre a favor de cada persona.
