P. José Mª Domènech SDB
CICLO A – TIEMPO ORDINARIO - DOMINGO XXIV
Eclo. 273, 30-29, 7: "El rencor y la ira son abominables, y son patrimonio del pecador. El vengativo sufrirá la venganza del Señor, que llevará cuenta exacta de todos sus pecados. Perdona el agravio a tu prójimo y, cuando ores, serán absueltos tus pecados… Acuérdate del fin y deja de odiar: piensa… en la muerte, y sé fiel a los mandamientos…; piensa en la alianza del Altísimo, y pasa por alto la ofensa".
Sal. 102: "El Señor es bondadoso y compasivo".
Rm. 14, 7-9: "Ninguno de nosotros vive para sí, ni tampoco muere para sí. Si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, morimos para el Señor; tanto en la vida como en la muerte, pertenecemos al Señor. Porque Cristo murió y volvió a la vida para ser Señor de los vivos y de los muertos".
Mt. 18, 21-35: "Pedro dijo a Jesús: «Señor, ¿cuántas veces deberé perdonar a mi hermano…? ¿Hasta siete veces?». Jesús le respondió: «…¡hasta setenta veces siete! Por eso el Reino de los cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores… le presentaron a uno que le debía diez mil talentos. Como no podía pagar… el rey se compadeció y… le perdonó la deuda. Al salir este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y… le dijo: “Págame lo que me debes”. El otro… le dijo: “Dame un plazo y te lo pagaré”. Pero él no quiso… Los demás… se apenaron mucho y fueron a contarlo a su Señor. Éste lo mandó llamar y le dijo: “¡Miserable! Me suplicaste y te perdoné la deuda. ¿No debías tener tú también compasión de su compañero, como yo la tuve de ti?” E, indignado, el rey lo puso en manos de los verdugos hasta que pagara la deuda. Lo mismo hará mi Padre… si no perdonan de corazón a sus hermanos»."
¿Quién está libre de equivocarse y ofender a otra persona o ser ofendido por ella? Todos somos débiles y podemos pecar contra Dios y contra el hermano. La vida humana no puede evitar las heridas, aunque nos amemos. Y, si nos amamos, éstas son más dolorosas. Es la realidad. Dios nos conoce bien, y ¡por dentro!, porque nos ama con toda su Vida: ¡es nuestra vida! Él siempre perdona a todos, si se lo aceptan, pues no puede imponérnoslo, pues somos libres.
Si Dios nos tratara según nuestras faltas, ¡ya estaríamos destruidos!
Lo dio todo para que su perdón y Vida Nueva llenara nuestra vida, nuestro interior.
Aceptar el amor de Dios y dejarnos llenar por Él, mueve a aprender a perdonar también nosotros. Sólo el Amor de Dios nos permite comprender y vivir su misericordia y compasión.
Somos de Cristo, pues su Amor, una vez asumido, nos redime e impregna nuestra vida.
Si el hombre no quiere aprender a perdonar, su propia actitud le juzgará y condenará
Perdonar siempre será difícil. El hombre sensato sabe que debe aprender de Dios a perdonar, pues Él es justa bondad y misericordia y, si la vivimos en nosotros, nos salvaremos.
Toda la alianza de Dios fluye de su misericordia y compasión, nos toca trabajar para vivir según ella. Los grandes beneficiados seremos nosotros y la toda Comunidad humana.
Aceptar la misericordia de Dios significa abrirnos a que ésta se haga carne en nosotros.
El valor de nuestra vida está en la grandeza de aquel de quien nos fiemos aprendiendo de Él
Cuanto más una persona se cierra en sí misma, más pierde. Cristo es modelo de apertura al bien del otro y de entrega de la propia vida para que todo humano llegue a la real libertad.
Para la perenne vida feliz de la persona humana es crucial aceptar ser para Dios. Y serlo es posible porque Cristo se entregó por nosotros: ¡por eso somos de Él y a Él nos debemos!
El Dios de la vida, que es misericordia, nos pide perdonar al hermano siempre, aunque duela
El Perdón de Dios, como su Salvación, es gratuito; pero, para que fecunde en nosotros, debemos aceptarlo y hacerlo nuestro: debe impregnarnos y, aunque a veces duela, hacerse actitud personal en nuestro perdón sincero, acogida y apoyo para la superación del hermano.
Nuestra deuda con Dios es inmensa: resulta ridículo que estemos mirando la pequeña deuda de nuestro hermano hacia nosotros… ¿Somos más que Dios, que nos perdonó y perdona?
Cristo nos invita a la sensatez del perdón, pues nos abre a Dios y nos libera de todo.
Pidamos a María aprender a perdonar al hermano como Dios nos perdona a nosotros.
