P. José Mª Domènech SDB
CICLO A – TIEMPO ORDINARIO - DOMINGO XVI
Sb. 12, 13.16-19: "Fuera de Ti, Señor, no hay otro dios que cuide de todos… tu fuerza es el principio de tu justicia y… te hace indulgente con todos… Como eres dueño absoluto de tu fuerza, juzgas con serenidad y nos gobiernas con gran indulgencia, pues con solo quererlo puedes ejercer tu poder. Al obrar así, Tú enseñaste… que el justo debe ser amigo de los hombres y colmaste a tus hijos de una feliz esperanza, porque después del pecado, das lugar al arrepentimiento".
Sal. 85: "Tú, Señor, eres bueno e indulgente".
Rm. 8, 26-27: "El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque no sabemos orar como es debido; pero el Espíritu intercede con gemidos inefables. Y el que sondea los corazones conoce el deseo del Espíritu y sabe que su intercesión en favor del pueblo santo está de acuerdo a la Voluntad de Dios".
Mt. 13, 24-/30/-43: "Jesús propuso esta parábola: «El Reino de los cielos se parece al un hombre que sembró buena semilla en su campo. Cuando creció… apareció también la cizaña. Los peones… le dijeron: “Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en el campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?” Él les respondió: “Esto lo ha hecho algún enemigo” Los peones le replicaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?” “No, les dijo el dueño,… porque corren peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla; luego recojan en trigo en mi granero”»…"
¿Cuándo se acabará el mal en el mundo? Cuando el Señor sea aceptado plenamente.
Él nos ofrece la Salvación; nos toca a nosotros profundizarla constantemente, todos los días, pues muchos no la aceptan y no pocos trabajan fuerte para hacerla lo más inútil posible.
La tentación de destruir a los que hacen daño o se portan realmente mal siempre está presente, y a veces con violencia. Tal vez nos preguntemos ¿por qué Dios los soporta?
La misma pregunta, si somos honestos, nos ayuda a reflexionar sobre nosotros mismos. Preguntémonos: si Dios permitiera que se destruyera todo el mal del mundo, ¿dónde quedaría nuestra vida? ¿A caso no hacemos, aun sabiéndolo, tantas cosas que están mal? ¿Por qué le pedimos a Dios que tenga paciencia con nosotros, pero deseamos que sea duro con los demás: los creemos peores que nosotros? ¿Somos nosotros buenos? ¿Cuántos nos tienen que aguantar?
Si Dios nos obligara a ser buenos con amenazas, imponiendo su poder absoluto o despertando miedo, ¿dónde quedaría nuestra libertad?, ¿cómo podríamos sentirlo Padre bueno?
¿Dónde hay más poder: en la prepotencia o en la misericordia educativa y regeneradora? Dios tiene la fuerza del Amor que crea, salva y santifica, por eso, para hacerlo, respeta a todos
Podemos estar serenos y en paz: nuestro Dios no necesita imponer, pues es el Señor de todo y el Padre de todos: a todos busca salvar y por esto comprende con paciencia y bondad.
Éste es su verdadero poder y nos enseña que debemos ser tolerantes con todos para que brille la verdad y se extienda el bien, al menos de parte nuestra y de nuestra Comunidad de Fe.
Esto nos impide mostrar como bueno o verdadero lo que no lo es, puesto que haría daño a todos, sobre todo a los más débiles, ya que pueden desorientarse y llegar a vivir en el error. Dando su Espíritu nos posibilita el secundar sus planes de Vida y Grandeza feliz y eterna
Ante la gran limitación de la persona humana para comprender los infinitos planes de Dios, sólo el mismo Espíritu de Dios puede ayudarnos con su luz, plegaria y gracia.
Dios siempre escucha la voz del Espíritu que resuena en cada texto bíblico y en cada oración litúrgica; lo que tenemos que hacer es unirnos a Él, hacerlo nuestro y dejarnos guiar.
La paciencia de Dios tiene un fin: la verdad para la Vida plena de todos, sin discriminación
Dios es el Dios de la Vida y ésta es la razón de toda su intervención en nuestra historia. Él planta vida en nuestra persona y en nuestra sociedad, con la presencia viva de Cristo.
Es necesario secundar los planes de Dios pues el mal que nos asedia y nos rodea: atención, docilidad, paciencia y reacción son actitudes vitales para no dejarnos seducir por el mal.
Pidamos a María vivir atentos a la presencia de Dios y fuertes ante las insidias del mal.
