P. José Mª Domènech SDB
CICLO A – TIEMPO ORDINARIO - DOMINGO XV
Is. 55, 10-11: "Así habla el Señor: «Como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, haberla fecundado y hecho germinar para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que quiero y cumple la misión que yo le encomendé»."
Sal. 64: "La semilla cayó en buena fértil y dio mucho fruto".
Rm. 8, 18-23: "Yo considero que los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria… que se revelará en nosotros… toda la creación espera con ansia la revelación de los hijos de Dios… también la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios… nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior anhelando la plena realización de nuestra filiación adoptiva, la redención de nuestro cuerpo".
Mt. 13, 1-9-23: "Jesús… les decía: «El sembrador salió a sembrar. Al esparcir la semilla, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros se las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso… y brotaron enseguida porque la tierra no era profunda; pero cuando salió el sol se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas y, al crecer éstas, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos que oiga!...»".
Todos podemos ofrecer pensamientos o propuestas a los demás; pero la respuesta depende de la apertura que tenga el oyente. Lo sabemos todos, pues todos lo hemos vivido. Con Dios a más sincera y comprometida atención y docilidad, mejor futuro y más vida.
Nuestra realidad nos enfrenta a múltiples crisis: culturales, políticas, económicas, educativas, ecológico-ambientales, religiosas, eclesiales, personales, conyugales, familiares, sociales, comunitarias… El problema es con qué criterios se afronta la crisis y eso, hoy en día, es lo que las hace más terribles, pues los valores están tergiversados y la destrucción, a todo nivel, nos acecha continuamente gracias al individualismo y la superficialidad imperante en todos los campos, incluso, a veces, y no pocas, también en la vida de Fe y en las relaciones eclesiales.
Con Dios no se juega. Cuando Dios propone, jamás queda sin respuesta: o se le acepta, y vienen los frutos, siempre buenos, o no se le toma en cuenta y llega la paulatina degradación.
Decir sí a Dios tiene consecuencias y todas ellas implican un costo de trabajo y, a veces, también una cuota de dolor, pero Pablo nos invita a tener una mirada amplia y profunda.
El Evangelio, como la segunda lectura y la primera, nos invita al optimismo: nada es inútil en el Reino de Dios. Todo lo recibido del Señor tiene resultado eterno y feliz. ¡No temamos!
La Palabra de Dios jamás es superflua, siempre despierta una consecuencia interior
El profeta llama al pueblo a la conversión, y también hoy día nos llama a nosotros; y, para que no nos desalentemos, ni lo tomemos superficialmente, nos narra esta pequeña parábola.
Cuando Dios interviene, nada queda igual: su presencia tiene siempre consecuencias, aunque no las ‘veamos’ ahora: Dios siempre salva a los que viven su propuesta… Los demás…
Dado que es Dios quien hace la primera propuesta, el resultado queda garantizado para todos
El pecado, tan presente en nuestra sociedad y vida, ha dejado su marca en la misma naturaleza con sus desgracias. Todos deseamos ser libres. De ello también la naturaleza se beneficiará. Dios la desea transformar en el ser humano, pero, para eso, el hombre debe decidirse.
Ante nuestra debilidad y desconcierto, no estamos solos: Dios nos ha dado su Espíritu, garantía Vida Nueva, pero debemos seguir sus mociones para caminar en la Vida de Dios, eterna.
Lo importante es cómo vivimos, pues de eso depende nuestra respuesta y de ella nuestro futuro
Los cerrados a la Palabra de Dios, los que carecen de ‘oídos’ espirituales, los soberbios que creen no necesitar que les enseñen, se quedan sin comprender los dones que Dios nos concede y desorientados en lo importante, aunque digan estar muy seguros y cerca de Dios.
Dios da sus dones a todos, pero aprovecharlos depende del interior de cada persona. No sirve echar la culpa a otro: yo puedo hacer caso a los demás o a Dios, eso depende sólo de mí.
Pidamos a María saber estar atentos y ser dóciles a la Palabra que Dios siempre nos da.
