Muchas veces escuchamos en las universidades decir, que en estas no se investiga, que en las empresas no se invierte en investigación.... y cuando se convoca a un concurso de investigadores, se ve que esto es cierto, mientras que en otros países como Chile o Brasil los trabajos presentados a este tipo de concursos pueden alcanzar o sobrepasar el ciento, en nuestro país, son muy pocos.
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La excusa tradicional es que investigar es muy costoso... puede ser cierto; pero creo yo que el problema va más allá, nuestro sistema educativo no produce investigadores, ya que el verdadero investigador no se deja limitar por los recursos, sino que como parte de su trabajo, genera a su vez estos recursos necesarios. Para ser investigador, primero debe de tenerse un nivel de insatisfacción e inconformidad con lo existente, el pensar que las cosas pueden ser mejoradas.
En segundo término, debe tenerse la responsabilidad y capacidad de plantear una solución, y no esperar que otros la planteen, no esperar que "el gobierno lo haga", o "el que tenga plata", sino asumir una actitud profesional de saber que se ha sido formado y preparado para solucionar este tipo de problemas.
Tercero, tener la formación y educación necesaria para iniciar una indagación crítica, sobre otras realidades, otras experiencias, y otras problemáticas.
Y finalmente, saberse capaz de competir en el planteamiento de las soluciones, considerar que uno sabe lo suficiente como para poder plantear una idea nueva, un enfoque distinto, que sometido al análisis de terceros, al contraste y evaluación, pueda saberse si es viable o no, efectivo y eficiente, o no.
Lamentablemente nuestro sistema educativo, no prepara personas aptas para hacer estas cosas, primero, al alumno se le enseña a creer que lo "tradicional" por absurdo que sea debe mantenerse (Ej. echar agua en carnavales, hacer pasacalles que interrumpan el libre transito, o cortar el pelo a los "cachimbos", etc.)
En segundo término, el alumno educado a repetir lo que el profesor dice, a asistir "puntual" al colegio o la universidad, a valorar los títulos de Doctores (que no son doctos, son simples especialistas en una materia) o de Ingenieros (que no tienen ingenio, sino que son calculistas repetidores de lo aprendido en la universidad), no se siente capaz de plantear una idea nueva, es más esta convencido que esta no será aceptada hasta que él no tenga un título que lo respalde... Thomas Alva Edison, uno de los principales inventores del mundo, no tuvo un título universitario.
Adicionalmente, frente al tercer punto, que implica que el alumno tenga los conocimientos para indagar críticamente, nuestros alumnos no los tienen, ya que no se les educa, sino que se les entrena o induce, por lo tanto sólo saben repetir la idea pre-establecida, pero no se les ha permitido discrepar de esas ideas, disentir de ellas y contradecir a sus profesores (instructores); bajo el autoritarismo presente en nuestro modelo educativo, el profesor SIEMPRE tiene la razón, el director de escuela o el decano lo son porque "saben más", y el rector (parte de la gerontocracia) lo es porque tiene "más años de experiencia y un doctorado" que lo respaldan. Sin mencionar que en las empresas, los innovadores están supeditados a callarse y seguir recibiendo su sueldo, o a "irse con la música a otra parte".
Finalmente, a nuestros alumnos se les ha hecho creer que el ser un país tercermundista, sin centros "privilegiados" de investigación, y sin grandes capitales, no se puede crear nada nuevo... que solo las potencias pueden hacerlo. La realidad es distinta, muchos de nuestros investigadores son acogidos con gusto fuera, tanto por el valor de sus aportaciones, y porque muchas de estas no son aportaciones de un especialista sino de un profesional multidisciplinario que brinda soluciones integrales. Si deseamos una generación de investigadores en pro del desarrollo, debemos empezar a cambiar los paradigmas del modelo educativo, debemos valorar al pensante y no al "chancon", valorar los resultados y no los títulos, valorar las personas y sus ideas, y no sus centro de formación, y valorar nuestra propia capacidad de innovar.

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