El Gobierno a través del Ministerio de Educación promueve, o intenta promover la lectura en los colegios, incluso de ha creado la hora de lectura con este fin… la pregunta pertinente es ¿cuáles son los resultados logrados?, como siempre he opinado la cantidad de horas de clases no tiene nada que ver con la calidad…
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Debo lamentar que conozco “profesionales” que ostentan el título de Doctor, pero de doctos no tienen nada, son especialistas en un tema… pero su dominio de la lengua castellana es tan pobre que cometen errores de concordancia de género y número con tal frecuencia, que uno llega a dudar si alguna vez han leído un libro por si mismos que no sea obligatorio.
Traigo este tema a colación, ya que en la coyuntura actual, donde todos hablan de la genialidad literaria de Mario Vargas Llosa (MVLL), como arquetipo Arequipeño de las letras, donde el chauvinismo nacional ha aflorado, una de las cosas que se reconoce en MVLL es su dominio del idioma… y esto me hizo recordar un estudio elaborado allá por 1969 donde se analizaba que en promedio un estudiante de colegio debía manejar un vocabulario básico de 2,000 palabras en primaria… e ir incrementando su bagaje lingüístico el resto de la vida, por lo cual al llegar a la universidad debe ser capaz de entender textos más complejos y a partir del dominio del lenguaje, también entender las figuras literarias y/o comunicativas y asimilar el conocimiento de los libros de consulta.
Los especialistas identifican dos procesos intelectuales en la comprensión y selección de una palabra: un proceso denominado onomasiológico y otro, semasiológico. ¿Qué significan esos dos vocablos? Que al comunicarnos hacemos una operación de elección de términos que expresen lo que pensamos, y al escuchar hacemos una operación de interpretación de los vocablos emitidos por el hablante.
Cuando se elige una palabra para organizar nuestro pensamiento, esa palabra expresa una idea, que es el proceso semasiológico, y cuando tenemos en nuestra mente una idea, esa idea reclama un término que exprese ese concepto, que es el proceso onomasiológico; al elegir determinadas palabras para expresar el significado que les asignamos, la comprensión de ese significado entraña un proceso semasiológico; ambos procesos, el onomasiológico y el semasiológico, es decir, pasar de la idea a la palabra y de la palabra a la idea, requieren que ambas personas que participan de la comunicación tengan un dominio adecuado y aceptable del idioma.
Lamentablemente, quienes ejercemos la docencia universitaria, muchas veces nos damos con la cruda realidad, nuestros estudiantes desconocen la lengua castellana, no digo que no hablen o se comuniquen entre sí, simplemente no entienden lo que leen… claro la culpa diremos es nuestro sistema educativo donde no se lee, pero volviendo al párrafo inicial, la cantidad de horas de lectura, no ha ayudado a mejorar esta situación… ya que los propios profesores no leen… y no tienen por ende el criterio necesario para seleccionar un texto adecuado de lectura.
En decenas de conferencias que he dado en los últimos 15 años he realizado la pregunta: “¿Cuántos libros han leído el último año?”… el que más, leyó cinco libros, la mayoría ni siquiera uno, me pregunto ¿Y así se llaman profesores?
Hace un par de años en un centro educativo que conozco, se pidió a los alumnos leer “El Decamerón”, solo porque la tapa del libro era bonita, y tenía fotos de paisajes… por otra parte, la mayoría de textos que se piden en los colegios “son fáciles”, versiones resumidas que se venden por 3 o 4 soles, y que no tienen la riqueza lingüística necesaria para ampliar el vocabulario del lector, y mucho menos para generar un proceso de motivación por la lectura, ya que se han suprimido todos los juegos de palabras, y la historia está narrada de manera plana y sosa, sin atractivo al lector.
Al hablar de Vargas Llosa, de Ricardo Palma, de John Steinbeck, o de cualquier otro escritor lo primero que reconocemos es su manejo de la prosa, su dominio del lenguaje para expresar ideas diferentes, para navegar sobre historias paralelas sin perder la conexión entre las ideas… para expresar de diferentes maneras la misma idea… y finalmente para capturar nuestra atención en un texto de comienzo a fin.
Volviendo a nuestras universidades, se hace imprescindible que tanto alumnos como docentes leamos más, y manejemos un lenguaje adecuado para que nuestros procesos onomasiológicos y semasiológicos sean adecuados y logremos gestionar y difundir conocimiento, los profesores debemos ser capaces de manejar un lenguaje no sólo técnico, sino literario que motive y convenza al estudiante de las ideas que compartimos con él… el alumno, debe ser capaz de leer un libro y entenderlo plenamente, y no estarse quejando de que ”esta difícil” o “no se entiende”…por sus propias limitaciones lingüísticas… a no ser que sigamos apuntando a un sistema que entregue títulos a analfabetos funcionales, sin visión más allá de la punta de la nariz.

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